Deberán indemnizar a empleado por utilizar el contrato de pasantía de manera fraudulenta

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Una empresa fue condenada a indemnizar a un empleado que se había considerado despedido porque, entre otros motivos, no le reconocieron como antigüedad el tiempo que había sido contratado mediante una pasantía, período en el cual realizaba tareas que no se relacionaban con lo que él había estudiado, por lo que no se cumplía con la finalidad formativa.

El actor relató en su demanda que fue pasante durante casi dos años (entre junio de 2006 y abril de 2008) en la firma demandada, en donde realizaba funciones administrativas pero que estas no podían asimilarse con las materias de la carrera de Contador Público Nacional que cursaba en la Universidad de Belgrano. Luego fue contratado por tiempo indeterminado, hasta que en 2014 decidió romper el vínculo por culpa de la empleadora.

El sentenciante de primera instancia le dio la razón, por lo que la empresa apeló.

Al analizar el caso, los integrantes de la Sala V indicaron que el artículo 2 de la ley 25.165 -que la demandada ha invocado como base de contratación del accionante durante el período precitado- define a la pasantía como “...la extensión orgánica del sistema educativo en el ámbito de empresa y organismos públicos o privados, en los cuales los alumnos realizarán residencias programadas u otras formas de prácticas supervisadas, relacionadas con su formación y especialización, llevadas a cabo bajo la organización y control de las unidades educativas que lo integran y a las que aquellos pertenecen, según las características y condiciones que se fijan en convenios bilaterales estipulados en la presente ley”.

Desde esa perspectiva, Enrique Arias Gibert y Graciela Craig, en el caso “Ferrari, Luis Enrique c/Obra Social del Personal de Dirección de Perfumería E. W. Hope s/despido”, señalaron que no podía perderse de vista que “las pasantías constituyen una extensión orgánica del sistema educativo y difieren de un vínculo laboral, por ser ‘sui géneris’, pero deben ser auténticas, de manera que no sirvan para encubrir, mediante fraude, relaciones de trabajo subordinadas”.

En ese sentido, correspondía a la demandada justificar la modalidad contractual invocada, para excluir la posibilidad de que tal prestación tuviese por causa un contrato de trabajo.

“Existe contrato de pasantía cuando la relación se configura entre un empleador y un estudiante y tiene como fin primordial la práctica relacionada con su educación y formación”, explicaron los jueces.

Y destacaron que “la labor del accionante en tareas administrativas relativas al cobro de aportes y cobranzas no basta o resulta suficiente para que se pueda asimilar a la tarea específica de su materia, e incumple así con lo dispuesto en el decreto 340/92 y en la ley 25.165”.

Es decir, no se apreciaba la vinculación entre dicha carrera universitaria y las tareas desarrolladas para la demandada.

Tampoco había pruebas que demostrasen un seguimiento y evaluación de los servicios prestados a favor de la accionada por parte de la institución educativa ni la concurrencia de personal docente al establecimiento durante el período de la pasantía.

Lo que caracteriza a ese contrato “no es el tipo de tareas (que puede resultar idéntico) o la aptitud (solo un empleador suicida contrataría a alguien para realizar tareas en las que el prestador de servicios no se encuentre capacitado), sino su objeto centrado en el aprendizaje”, remarcaron los jueces.

Es decir, para justificar la contratación bajo el régimen de pasantías, no basta con la acreditación de los elementos meramente formales, sino que además es necesario demostrar que ese vínculo responde a la finalidad que le da origen y justifica su exclusión del ámbito de la Ley de Contrato de Trabajo (LCT), que es, en definitiva, la realización de prácticas supervisadas que tengan relación con la formación del pasante y cuenten con el control y organización de la institución educativa.

“La inexistencia de tutor o de coordinador así como de la supervisión del aprendizaje son suficientes como para considerar que existió la utilización simulada de una figura no laboral para actuar en fraude a la ley, pues el objeto didáctico no existió como lo demuestra la desidia de ambas partes en el control pedagógico de la prestación”, indicaron los camaristas y rechazaron la apelación de la empresa.

Según explica Amanda Caubet en diversos artículos publicados por Erreius, “la pasantía se ubica con claridad en el ámbito educativo y de formación, quedando descartada en la ley toda posibilidad de que el pasante cumpla en el puesto convenido funciones indiferenciadas que no contribuyan a mejorar o completar su formación”.

“La clave del sistema es que exige la supervisión del organismo educativo sobre la actuación del pasante y de su tutor, sobre el plan docente a desarrollar, y sobre los resultados de la experiencia mediante un mecanismo conjunto de control y evaluación, que estará a cargo de las personas que las partes firmantes del convenio designarán al respecto”, agrega.

Según la especialista, “una cosa son las simples órdenes dadas por el empleador y otra distinta el ejercicio de tareas dirigidas no exclusivamente al provecho empresario, sino particularmente a la capacitación del pasante, a su formación para mejorar su posibilidad de búsqueda laboral y contribuir a la tarea de orientación vocacional dirigida a una correcta elección profesional futura”.

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Fuente Erreius