Rechazan restringir la capacidad de un adulto mayor pese al pedido de dos de sus hijas: los motivos

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En el caso R., J. C. s/Determinación de Capacidad, dos mujeres solicitaron que se determine la capacidad de su padre. Pero otra hija del causante solicitó el rechazo de la acción y dejó constancia de los innumerables inconvenientes que tiene con sus hermanas respecto a la toma de decisiones en relación a su progenitor.

Tras abrirse el juicio a prueba, se designó “curador provisional” al Defensor Público Curador y se solicitó al Cuerpo Médico Forense la realización de una evaluación interdisciplinaria.

El hombre se presentó con su abogada y expresó que no quiere pasar sus últimos días encerrado en un geriátrico y remarcó que no tiene su capacidad restringida.

Pidió que no se vulneren sus derechos, teniendo en cuenta el respeto que merecen las personas ancianas, ya que “la vejez -por sí sola- no es sinónimo de enfermedad”. Relató que tiene los problemas propios de una persona mayor, pero que estos no le causan problemas psicológicos ni psiquiátricos.

 

Presunción de la capacidad

El defensor público curador, por su parte, solicitó el rechazo de la acción, argumentando de no puede asociarse la vejez con un proceso judicial de restricción al ejercicio de su capacidad.

Tras analizar las distintas pruebas presentadas, la jueza Mónica Fernández indicó que el hombre convive con su tercera hija y que estuvo un tiempo residiendo en un geriátrico debido a una fractura de fémur.

Destacó que tanto el art. 3 de la ley 26.657 y los arts. 23 y 31 incs. a y b del Código Civil y Comercial, sientan como regla la presunción de la capacidad de ejercicio de los derechos, que las limitaciones a esta capacidad son de carácter excepcional y se imponen siempre en beneficio de la persona.

Agregó que el art. 38 del mismo Código especifica que la afectación de la autonomía personal de las personas con alteraciones mentales debe ser la menor posible.

Y enfatizó que las pericias determinaron que el hombre, de 88 años tiene “ciertas limitaciones leves, acordes a su edad, que no interfieren en su cotidianeidad”, pero que se trata de “una persona lúcida y está perfectamente ubicado en tiempo y espacio, interacciona con el entorno, puede expresar claramente su voluntad y deseos y conoce y comprende el alcance de sus decisiones”.

Pleno uso de las facultades mentales

A su vez, la jueza indicó que la evaluación interdisciplinaria dio cuenta de que el Sr. R. se encontraba en pleno uso de sus facultades mentales para el ejercicio de sus derechos civiles, con deterioros propios de la edad, descartando cuestiones de salud mental, por lo que no se consideró necesario implementar un sistema de apoyos para el ejercicio de su capacidad civil.

“Senectud no es lo mismo que senilidad. La senectud representa un estado biológico normal inherente al proceso mismo de la vida, en el que esa normalidad se traduce en declinaciones y cambios, tantos psíquicos como físicos, de carácter cuantitativo y armónico que, por ser propios de dicho estado, no pueden ser juzgados como síntomas patológicos. La senilidad, en cambio, representa la expresión patológica de la ancianidad”, explicó la magistrada.

Luego continuó: “La distinción clínica de estas situaciones sirve de fundamento para discernir en qué supuestos las declinaciones propias de la edad dejan de ser sólo eso y pasan a configurar una situación compatible con afecciones a la salud mental y, a su vez, en qué casos los deterioros asimilables a padecimientos mentales requieren de la intervención del aparato judicial para garantizar la protección de las personas vulnerables”.

Para la magistrada, el hombre “está en una etapa de la vida que -por imperativo moral y jurídico- debería transcurrir con tranquilidad, sin zozobras, con la mayor plenitud posible y siendo respetado en toda su dimensión personal”, y que “se ha visto sometido a múltiples acontecimientos a raíz de la presente denuncia”.

En este sentido, la jueza exhortó “a las hijas para que, en lo sucesivo, dejen de lado la contienda familiar existente, así como cualquier diferencia que tuvieren y se preocupen en velar por la salud y bienestar de su padre, debiendo ser este el norte que guíe su actuación”.

 

Medida excepcional

En el artículo “Breve análisis de la ley de salud mental y la capacidad restringida en el nuevo Código Civil y Comercial”, publicado en Erreius online, Juan M. Perrota destaca que el mencionado Código “en el Libro primero, Título I, Capítulo 2, Sección 3, reglamenta la restricción al ejercicio de la capacidad”.

“La figura de la capacidad restringida puede ser concebida como una medida judicial adoptada excepcionalmente, con el fin de brindar una solución a la existencia de obstáculos que impiden el pleno ejercicio de derechos, sea en el ámbito de negocios personalísimos o patrimoniales, como una medida que garantice el facilitamiento en la toma de decisiones”, explica.

 

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Fuente: Erreius