La cuota alimentaria de hijos mayores de edad cesa si no cursan sus estudios de manera regular

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La Cámara Civil y Comercial de la ciudad de Salta hizo lugar a un incidente de cesación de cuota alimentaria deducido por un hombre contra su hija de 23 años, porque si bien la joven se encontraba inscripta en una carrera universitaria, ella no tenía ningún impedimento para realizar una actividad rentada que le cubra sus necesidades.

Además, tuvieron en cuenta que en el lapso comprendido entre el año 2015 a 2017 la joven no regularizó, rindió o aprobó ninguna materia, por lo que quedó libre en siete de ellas.

En el caso “M. G., M. G. c/M. G., M. G. s/cese de cuota alimentaria”, en el año 2013 se homologó un convenio de alimentos mediante el cual se acordó que el Sr. M. G. abonaría el 35% de los haberes que por todo concepto percibe como empleado por cuota alimentaria a favor de sus hijos M. G. M. G. y M. N. M. G.

Al adquirir la mayoría de edad la ahora demandada -quien tiene 23 años-, el Sr. M. G. inició respecto de ella el incidente de cese de cuota.

La jueza de primera instancia rechazó el incidente de cesación de cuota planteado y mantuvo la obligación alimentaria a cargo del Sr. M. G. a favor de su hija M. M. G porque ella se encontraba cursando estudios universitarios.

El padre cuestionó el fallo porque, desde su punto de vista, las pruebas aportadas no se analizaron correctamente ya que la joven solo se inscribía en la carrera universitaria, pero no cursaba ni rendía las materias.

Por lo que, desde ese punto de vista, no se cumplía con el recaudo establecido en el art. 663 del CCCN que refiere a la “prosecución de estudios o preparación profesional de un arte u oficio”.

Para su hija, en tanto, el pedido no podía prosperar porque ella se encontraba inscripta en la carrera de “Profesorado en Matemáticas”, como alumna regular y no tenía una relación laboral de dependencia que le posibilite proveerse de los recursos necesarios para subsistir.

Los jueces explicaron que de acuerdo a lo establecido por el ordenamiento jurídico argentino, “la obligación de los progenitores de prestar alimentos a los hijos se extiende hasta los veintiún años, excepto que el obligado acredite que el hijo mayor de edad cuenta con recursos suficientes para proveérselos por sí mismo”.

Alcanzada la edad de veintiún años y hasta los veinticinco, subsiste aquella obligación, por excepción, “si la prosecución de estudios o preparación profesional de un arte, le impide [al hijo] proveerse de los medios necesarios para sostenerse independientemente”.

“La viabilidad del reclamo de alimentos para que el hijo mayor pueda continuar sus estudios es una de las importantes modificaciones que incorpora el derecho alimentario del Código Civil y Comercial de la Nación”, indicaron.

Se trata de una excepción a la regla fijada por el art. 658 y el contenido de la cuota debe limitarse a lo necesario para permitir que el hijo continúe sus estudios o preparación profesional.

En este horizonte, a fin de que proceda el pago excepcional de una cuota alimentaria al hijo mayor de 21 años, deben concurrir como requisitos esenciales: 1) que se encuentre cursando estudios, 2) que le impidan proveerse su propio sustento en forma independiente y 3) que tales extremos se encuentren debidamente acreditados en el proceso.

“Al no configurarse el supuesto que habilite la excepción, cobra toda su fuerza la regla según la cual pesa sobre cada individuo la responsabilidad de atender a su subsistencia, incorporada a nuestra Carta Magna (art. 75, inc. 22), a través de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre la cual, entre otras normas fundamentales, prescribe: “Toda persona tiene el deber de trabajar, dentro de su capacidad y posibilidades, a fin de obtener los recursos para su subsistencia o en beneficio de la comunidad”, remarcaron los magistrados.

De esta forma, ordenaron que solo quede subsistente la obligación alimentaria de la hija menor y cese sobre la joven M. G. M. G.

Leandro Merlo, coordinador de la publicación Temas de Derecho de Familia, Sucesiones y Bioética, explica que “la obligación alimentaria respecto de los hijos, derivada de la autoridad parental, debería cesar con la mayoría de edad de aquellos, salvo el particular supuesto del hijo mayor de edad que cursa estudios, el cual está contemplado en el nuevo código de modo incompleto, a tenor de lo que en tal sentido establece la legislación comparada”.

“Téngase en cuenta que si el hijo mayor de edad no tuviera medios para satisfacer su sustento, siempre tendrá a su alcance las normas relativas a la obligación alimentaria entre parientes, entre los cuales por supuesto están incluidos sus ascendientes, por lo cual ningún desamparo correría de extinguirse a los 18 años la obligación alimentaria de sus padres con el alcance y extensión del establecido para los alimentos derivados de la autoridad parental”, agrega.

Asimismo, Merlo destaca que “el nuevo Código establece la obligación de los progenitores respecto de los hijos mayores de edad hasta que estos alcancen la edad de 25 años, si la prosecución de estudios o preparación profesional de un arte u oficio le impide proveerse de medios necesarios para sostenerse independientemente. Pueden ser solicitados por el hijo o por el progenitor con el cual convive”.

En este aspecto, Merlo considera que “debió fijarse, como en la legislación comparada, algún requisito de mérito por parte del hijo mayor de edad, como la obtención de buenas calificaciones en el estudio elegido, buen desempeño laboral, buena conducta, entre otros, y que la legitimación activa fuese exclusivamente del hijo mayor de edad”.

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Fuente Erreius