¿Es necesario implementar un nuevo lenguaje en los procesos judiciales?

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El lenguaje nunca fue un tema de preocupación para el ámbito del derecho, sea cual fuere el área de desarrollo y la función que los operadores pudieran desempeñar.

Ese modo de expresarse tan particular representó una manera de diferenciarse del resto de los mortales que no se dedicaban a esa ciencia dominada por las leyes.

“Un lenguaje oscuro no solo representa un obstáculo para los ciudadanos, sino también para aquellos que se ven en la necesidad de explicar a clientes, justiciables o público en general -en referencia a los operadores de los medios de comunicación- el alcance de las decisiones de los jueces y así comprender aquello que les atañe”, explica la especialista Liliana N. Bruto, en el artículo “El lenguaje claro como garantía de las personas”, publicado en Erreius online.

El problema del lenguaje no solo se ciñe al procedimiento escrito -donde se presentan las mayores dificultades-, sino también en el discurso oral e incluso en los procedimientos de juicio por jurados.

Para la colaboradora de Erreius, “ambos lenguajes -escrito y oral-, en el ámbito jurídico, están plagados de arcaísmos, latinismos y demás ismos, que conducen muchas veces a la confusión o incomprensión de lo que se quiere comunicar, sea cual fuere la forma”.

Es que su uso generalizado no responde a ninguna normativa. La costumbre del uso de este tan especial modo de comunicación no tiene sustento más que en modalidades propias de procedimientos inquisitivos cuyos resabios se reflejan en el modo de desarrollar las tareas dentro y fuera de la estructura judicial.

“Quizá una primera impresión nos conduzca a la errónea idea de que la propuesta del tema no sea de relevancia jurídica. Sin embargo, he de advertir que su vinculación desde las garantías del proceso penal, en cuanto a un verdadero acceso a la justicia y a la información, es notoria y fundamental”, destaca Bruto.

Desde diferentes áreas, es posible advertir una cierta preocupación por esta temática, llegándose, en la actualidad, a contar con algunos accesos que buscan romper esas barreras.

Aquellas leyes que se suponen conocidas por todos no siempre lo son. Por eso, si una persona que no pertenece al ámbito del derecho quiere o intenta acceder a ellas -más allá de las facilidades que permiten las diferentes bases de datos-, su lenguaje y su forma de redacción le presentarán dificultades de comprensión. Es que este es un problema que también alcanza a aquellos que son especialistas en la materia.

“Tal problemática en el uso del lenguaje no escapa a las decisiones de los jueces -en cualquiera de sus instancias-, quienes, muchas veces, parecen olvidar que deciden problemas reales que los ciudadanos llevan a su conocimiento, por los cuales esperan una respuesta cuanto menos comprensible”, remarca la colaboradora de Erreius.

“Varias de esas decisiones parecen creaciones literarias, donde se utiliza un léxico muchas veces arcaico además de incomprensible para los propios especialistas, sin dejar de advertir en su lectura una cierta manifestación de conocimientos excesiva para la cuestión que motivó el estudio, acompañada -en la mayoría de los casos- de citas doctrinarias y jurisprudenciales que poco sentido o sustento aportan a la decisión”, destaca Bruto.

Para la especialista, ha llegado el momento de realizar un viraje en las formas de expresión en el ámbito jurídico y recurrir a un lenguaje claro y accesible, que no conlleve a confusiones o situaciones que permitan generar mayores inconvenientes que los que se pretende solucionar, vulnerándose además garantías reconocidas por nuestra Constitución Nacional.

En este punto, Bruto enfatiza que “comunicar utilizando un lenguaje sencillo, claro, comprensible -sin dejar de mantener el uso adecuado de los términos propios de la materia, pero ajustarlos al lenguaje sencillo que permita la comprensión de legos- favorece no solo a sostener una verdadera tutela judicial efectiva de la víctima, sino también a la comprensión del propio imputado de los alcances del proceso en general y lo resuelto en lo concreto”.

La propuesta de utilizar un lenguaje claro y accesible deberá aplicarse independientemente del sistema procesal imperante, la instancia en que se encuentre o el sujeto receptor de las decisiones que se adopten.

La experta destaca que a “la utilización de un lenguaje sencillo para comunicarse debe añadirse el trato adecuado para quienes acceden a la justicia”.

Ello, entonces, deberá también formar parte de la meta que conlleve a una mejor comunicación no solo por el lenguaje utilizado sino también por la forma en que se trasmite, incluyendo no solo a los operadores judiciales, abogados, sino también a los encargados de comunicar a través de los medios masivos.

Por último, la especialista mencionó algunas propuestas para encarar este nuevo camino. Entre ellas se encuentran:

- Ante la presencia de un tecnicismo, acompañarlo de una reformulación o explicación.

- Cambiar el foco que tradicionalmente se encuentra en el texto y quien lo escribe, para pasar a quien lo lee.

- Utilizar una idea por oración.

- Redactar oraciones cortas.

- Que cada párrafo, en lo posible corto, contenga un tema.

- Hacer hincapié en el uso de la voz activa y no la pasiva.

- Utilizar palabras simples y sencillas.

- Evitar el uso de frases negativas, prefiriendo a cambio las positivas, que no suelen llevar a confusiones.

- Atender al diseño del documento, especialmente en lo que refiere a la tipografía, espaciado, utilización de títulos, subtítulos, etc.

- De tratarse de una exposición o explicación oral, además, deberá atenderse a que la temática respete una progresividad.

- Evitar repeticiones, y en el caso de la oralidad, señalar en parte final el concepto central de que se trate.

- Respetar las estructuras del idioma español: sujeto-verbo-predicado.

- Que el relato parta de lo conocido a lo desconocido.

- Tratar de explicar aquellos términos como instar la acción que representan, por su alcance e importancia, repercusión en la vida de quien se presenta ante la justicia.

- Evitar la utilización de términos en idioma extranjero.

- Adoptar como práctica el “traducir porciones de sentencias o fragmentos de manuales universitarios”.

- Dedicar en las sentencias un apartado que sea redactado en un lenguaje sencillo y acorde a su destinatario.

Finalmente, destacó que esta tarea no será exclusiva de los estrados judiciales, sino que también deberá replicarse en los ámbitos académicos.

Fuente Erreius