Rechazan demanda contra una aerolínea por la pérdida de una computadora durante un vuelo

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En el caso “Ure Florencia Raquel c/Aerovías de México S.A. s/Pérdida/Cobro de sumas de dinero”, la mujer pidió un resarcimiento por el extravío de una computadora que se encontraba dentro de su equipaje y estimó el daño en $180.000.

En tanto, la aerolínea pidió el rechazo de la demanda porque si bien reconoció que la actora había sido su pasajera, desconoció el extravío y, por ende, su responsabilidad.

El juez de primera instancia tuvo por acreditado el faltante y consideró que existía responsabilidad del transportista aéreo, por lo que fijó el resarcimiento en $65.000 ($ 40.000 en concepto de daño material y $25.000 por daño moral).

Contra dicho pronunciamiento apelaron ambas partes.

La aerolínea cuestionó la atribución de responsabilidad, ya que entendía que de la prueba presentada no se acreditaba que la computadora haya estado dentro del equipaje del reclamante al momento de ser despachado.

En ese sentido, destacó que los testigos presentados por la actora no presenciaron el hecho y, por lo tanto, no pueden dar cuenta de ello, que la constancia de declaración de objetos transportados como equipaje efectuada ante la AFIP es de dos años antes de este viaje y que la pasajera no formalizó el aviso de protesta conforme lo dispone el artículo 31 del Convenio de Montreal de 1999.

Por último, impugnó la procedencia del daño moral e invoca el límite de responsabilidad establecido en el mencionado convenio.

La actora, por su parte, pretendía el incremento de la suma establecida por daño moral y el rechazo del límite de responsabilidad.

En cuanto a la demostración de la pérdida de equipaje, los jueces Guillermo Antelo, Graciela Medina y Ricardo Recondo recordaron que la actora es quien tiene a su cargo la prueba de ese faltante y su valor.

Es decir, ella debe aportar los elementos indiciarios suficientes para determinar la suerte del reclamo, porque “no es posible dictar una condena resarcitoria sobre la base de meras conjeturas”.

Los integrantes de la Sala II reconocieron que, en este tipo de situaciones, “la prueba directa del contenido del bulto extraviado presenta obvias dificultades, pues no es habitual que la preparación del equipaje se efectúe ante una rueda de testigos o frente a un escribano público”.

Por ese motivo, consideraron que las presunciones debían tener mayor relevancia, ya que se fundan en hechos probados (los indicios) que, por su gravedad y concordancia lógica, permiten concluir que las cosas ocurrieron de un modo determinado.

En este caso, los primeros elementos a analizar son dos: la existencia de la computadora y su despacho como equipaje. Para los jueces no había pruebas concretas sobre ninguno de ellos.

También tuvieron en cuenta que la prueba informativa contestada por la empresa distribuidora de la marca del artículo da cuenta de que el modelo no se comercializa en el país y que la declaración de objetos ante la AFIP aportada por la demandante no se refiere al viaje vinculado a este juicio, sino a uno que realizó antes.

Por otro lado, la actora tampoco presentó las copias de los reclamos que dice haber formulado en el aeropuerto y en la página web de la accionada, especialmente la denuncia. Solo consta una carta documento remitida 6 meses después del viaje.

“Al faltar uno de los presupuestos de la responsabilidad civil (arts. 1067 y 1109 del Código Civil), no hay razones jurídicas que justifiquen el acogimiento de la pretensión. Ello implica la revocación de la sentencia y el rechazo de la demanda”, concluyeron los jueces.

 Situación desventajosa

En el artículo “De maletas y molestias. Algunas reflexiones sobre la pérdida de equipaje”, publicado por Erreius, Santiago Villagrán, y Agustina López Pereyra, indicaron que “en los casos de pérdida de equipaje podemos ver una situación de desventaja para el pasajero, porque la prueba del valor de los artículos contenidos en la valija es dificultosa”.

“Si existiese una declaración de valor de los elementos, la cuestión resultaría más fácil, porque allí tendríamos un valor aproximado de lo extraviado. Pero no es ello lo que sucede en la mayoría de los casos”, explicaron los especialistas.

En este punto, agregaron que, en general, al no existir tal declaración, hay que recurrir a las presunciones y tener en cuenta ciertos factores, como la distancia, clima, destino, época del año, etc. y, de acuerdo con ello, presumir qué artículos pudieron haberse extraviado.

En cuanto a la responsabilidad del transportista, destacaron que es subjetiva (él es quien carga con la prueba) y también es limitada, sobre la base de montos máximos, y advirtieron que, como regla general, “es requisito de viabilidad de una acción judicial la existencia de protesta o el reclamo del equipaje mediante el Parte de Irregularidad de Equipaje (PIR), formulario en el que el pasajero deja asentada la pérdida de su equipaje”.

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Fuente Erreius